No estaba embarazada. Era esa hinchazón que aparecía después de cualquier comida.
Me pasaba todos los días: amanecía bien y terminaba la tarde con el vientre inflamado, pesado, incómodo.
Probé lo que todas probamos: té en ayunas, vinagre con limón, hojas que había que hervir. Funcionaban unos días... hasta que la rutina se volvía imposible de sostener.
El problema no eran los ingredientes. Era el ritual.